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Modernizando la Inversión Extranjera Directa para el siglo 21

Original en inglés publicado por THE HILL
10 de abril, 2014
Por Emb. Nathalie Cely

Mientras las economías alrededor del mundo están cada vez más conectadas y entrelazadas debemos organizar un sistema de comercio global que pueda adaptarse a este mundo cambiante del siglo XXI. La inversión Extranjera Directa (IED) tiene el potencial de contribuir significativamente al desarrollo económico sostenible, pero debemos tener políticas comerciales que satisfagan las necesidades no solamente de los países industrializados, sino también de las economías en desarrollo.

Durante décadas, la IED se ha guiado en gran medida por los Tratados Bilaterales o Multilaterales de inversión. Actualmente, existen más de 3.000 acuerdos bilaterales y regionales para la protección de las inversiones en el mundo. Estos acuerdos prevén la estructura legal subyacente del sistema internacional de inversiones.

Sin embargo, la aplicación de estos tratados ha llevado a cada vez más consecuencias negativas para los países en desarrollo, como Ecuador, lo que conduce a una creciente ola de criticismo. Esas consecuencias han incluido el desproporcionado poder de los árbitros internacionales a la hora de interpretar esos tratados; la falta de transparencia en el proceso; y la marginación de la capacidad de un estado para implementar políticas de supervisión. Todo esto puede tener un impacto negativo no sólo en el gobierno, sino también en las personas a las que sirve.
Por ejemplo, el ganador del premio Nobel, el economista Joseph Stiglitz correctamente ha observado que este sistema ha significativamente impedido la habilidad de los países en desarrollo para proteger sus medio ambiente de las actividades desarrolladas por las empresas mineras o petroleras; la salud de sus ciudadanos de las empresas tabacaleras; y sus economías de los ruinosos productos financieros que jugaron un importante rol en la crisis financiera global del 2008.

A mediados del siglo XX, países en América Latina a menudo cayeron victimas de este sistema imperfecto, mientras sus recursos fueron explotados por empresas extranjeras atraídas por el petróleo recientemente descubierto. La mayoría de estas naciones, como Ecuador, en aquel tiempo, sufrieron por la falta de una estructura coherente para tratar con las empresas extranjeras e inversionistas. También sufrimos las debilidades institucionales que minaron la capacidad de formular políticas públicas adecuadas para regular nuestros mercados.
Ahora, en el 2014, los países de América Latina están viendo un crecimiento sin precedentes, debido en parte a las reformas que han estabilizado los mercados y han fomentado las inversiones para el desarrollo económico y social de cada nación. La región ha experimentado tasas de crecimiento superior al 4 por ciento durante la última década – tiempo durante el cual, incluso países como los Estados Unidos estaban experimentando dificultades económicas.

Desde que fue elegido en el 2007, el Presidente de Ecuador Rafael Correa ha sido fundamental en lograr la estabilidad económica después de que nueve presidentes fueron destituidos de su cargo desde 1996. La solidez durante su presidencia ha colocado al Ecuador como un líder regional, sobre la base de reconocimiento del Banco Mundial por pasar de ser un país con ingresos medios a una economía de ingresos medios altos. Más recientemente, una de las principales empresas multinacionales estadounidenses se comprometió a expandir sus inversiones por $1 mil millones durante los próximos cinco años. Además, el Ecuador ha adoptado una de las Constituciones más amigables con los derechos de la naturaleza –provee a la naturaleza de derechos y un marco normativo que regula las operaciones públicas y privadas.

En una escala más amplia, esta semana convocamos junto al Centro VALE de Columbia sobre Inversión Extranjera Sostenible una conferencia entre economistas, abogados y académicos con renombre mundial con el objeto de debatir y desarrollar soluciones para mejorar temas de desarrollo y tratados de inversión. Con ese fin, la historia del Ecuador ofrece una lección importante mientras ampliamos las iniciativas de comercio global y trabajamos para corregir el actual sistema de arbitraje entre inversionista-estado.
El petróleo fue descubierto en la Amazonía ecuatoriana en la década de 1960 y su extracción controlada por Texaco (ahora propiedad de Chevron). Nuestra selva es considerada una de los más diversos bio- hábitats, y sin embargo su ecología ha sufrido devastadores daños como consecuencia de las insensibles técnicas utilizadas bajo dirección de Texaco. En los últimos 20 años ha habido innumerables acciones legales entre los ciudadanos perjudicados, Texaco, Chevron y el estado ecuatoriano.
A pesar de años de litigios – diez en los Estados Unidos y diez en Ecuador – no se remedia el daño. El caso Chevron es un ejemplo clásico de por qué el sistema de arbitraje se debe reacondicionar – el interminable litigio todavía tiene que producir una solución viable y nuestro pueblo sigue sufriendo.

La reforma debe abordar la legitimidad, coherencia y la previsibilidad del sistema instituyendo: 1) una selección transparente de árbitros que sólo ejerzan ese papel y no defiendan a las empresas en otros foros, que pueden dar lugar a obvios conflictos de interés, 2) el establecimiento de un órgano de apelación dentro del sistema de arbitraje, 3) la incorporación en la obligación de los inversionistas en los tratados de inversión de de empezar reclamos arbitrales solamente luego de que las vías legales locales se hayan agotado y 4) la incorporación del derecho de los Estados a ejercer su capacidad regulatoria sobre temas relacionados con la política industrial, medio ambiente y salud, entre otros.

Estas reformas no pueden suceder de la noche a la mañana, pero debemos mantener discusiones abiertas y transparentes sobre la reforma del sistema, de manera que podamos contar con un marco regulatorio y legal que funcione en la economía moderna, global del siglo XXI.

Las duras lecciones que hemos aprendido dolorosamente en Ecuador deben ser tomadas como un momento de aprendizaje. No podemos dejar que esta oportunidad pase.