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María Liliana Escobar Landivar

Master´s Program ( Go Teacher)
Kansas State University, Kansas

Mi nombre es María Liliana Escobar Landivar, vengo de la ciudad de Cuenca y soy parte del grupo de Maestrantes del programa Go Teacher en Kansas State University. Llegué a Manhattan, KS, el pasado enero y estoy cursando el primer semestre de la Maestría. Para describir mi experiencia es necesario utilizar más de un adjetivo; interesante, desafiante, productiva, multicultural, enriquecedora entre algunos.

He tenido la oportunidad de conocer gente de diferentes lugares, tanto estudiantes como profesores. Esto me ha ayudado a entender lo importante de compartir nuestro historial social y cultural, ser embajadores activos de nuestro país a la vez que receptores de nuevas técnicas y estrategias que nos conviertan en mejores profesionales. Ser maestra ha sido mi tarea por los últimos 13 años, cambiar de posición y convertirme en estudiante ha sido un reto. ¿Qué me ha sorprendido? Muchas cosas, el clima, la comida, los paisajes tan diferentes a los propios. Sin embargo creo que lo que más me ha impactado ha sido el poder utilizar el Inglés como un idioma oficial, y dejar al Español en espera. La necesidad de comunicarme tanto en la clase como fuera de ella, me ha llevado a sustituir mi lengua por otra. Un desafío difícil al principio y al que me estoy acostumbrando. En las líneas que continúan trato de explicar como se vive una beca desde la perspectiva de un estudiante, un enfoque personal de lo que es el día a día desde una clase lejana a nuestra Tierra.

Una beca: una experiencia de vida

Ser becario no es un título que llega solo. Significa años de entrega, dedicación y un deseo impostergable de superación. No se trata de abandonar viejas costumbres o sustituir lugares, es un caminar incierto, lleno de nuevas metas y aprendizajes diferentes. Dejar la Patria, cambiar de cielo y hablar extranjero, es una decisión de valientes. Despedirse de lo que amamos, retrasar cumpleaños, bautizos, celebraciones y poner en pausa la “vida normal” con el único objetivo de enriquecer nuestra calidad profesional y más importante, humana.

No se deja la Cultura, porque ella viaja impregnada en nuestras actitudes y pensamientos. Imposible dejar de ser ecuatoriano porque el amor a la Tierra es un pacto de sangre al nacer.

Ser becario es volverse estudiante y forastero. Vestirse de representante de nuestro país para escribir con nuestras letras su nombre con tinta ajena. Es mirar la bandera y entenderla nuestra más que nunca. Con una clara sensación de pertenencia y orgullo.

Entre libros y horas eternas, buscar el espacio para hablar sobre nuestra comida, paisajes, música y gente incomparables. Ser becario es también llenarse los labios de Ecuador, cuando la nostalgia nos asalta en calles lejanas y frías.
Una oportunidad pintada de diversos matices; melancolía, entusiasmo, esperanza y certeza, fe de aprovechar cada ventana de tiempo para nuestro desarrollo, que es el de nuestros futuros estudiantes y colegas.
No es tarea fácil partir, cada día es un nuevo comienzo, sin embargo la recompensa de contribuir a mejorar la educación de nuestro país es suficiente para retirar dudas y a paso firme, avanzar.

Vivir es una prueba divina, enfrentar miedos es un reto que solo lo aceptan lo que confían en el cambio y en un mañana de igualdad.

Ser becario es extrañar, los colores, aromas, sabores de nuestras ciudades, es llorar con un pasillo y llevar el corazón de amarillo, azul y rojo. Es mirarse a solas y sentirse fuerte en nuestras convicciones sociales y culturales. Sin cabida para el temor, marcando nuestras huellas en senderos alrededor del mundo, pero con las letras de nuestro país tatuadas en el alma.

Mientras escribo estas líneas recuerdo a mi familia, mis raíces, mi esencia. Todas en espera de un regreso aún por llegar, en una cuenta regresiva que maneja el tiempo. Con el propósito de volver a recorrer mi Ecuador, sus rutas, su sierra, su costa, su belleza indescriptible, y así unirme al grupo de personas que creemos que la Educación es la base de una sociedad bien cimentada.

Para mi ser becario es un privilegio ganado con esfuerzo, y también es una puerta abierta al aprendizaje de nuevas técnicas y estrategias que ayudarán a enriquecer las mentes de otros, con el solo fin de un futuro de oportunidades que nos hagan crecer como seres humanos y por lo tanto, como país.