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EL MERCADO NO ES LIBRE SI LAS ELITES SE APROPIAN DE ÉL

Traducción del Original en el Boston Globe

A pesar de la controversia, el Presidente de Ecuador ha tenido éxito en combatir la desigualdad
Por Farah Stockman

Cuando Ecuador encontró petróleo en la década de 1970, el pequeño grupo de familias adineradas que dirigía el país se compró mansiones y aviones privados. Lanzaron algunos huesos a los pobres: subvenciones para el gas y los alimentos. Pero entonces, el precio del petróleo se desplomó. De repente, estaban en la quiebra.

Así que pidieron prestado más dinero de los Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional. Una vez más, ellos se llenaron los bolsillos con dinero. Pero esta vez, no les dieron casi nada a los pobres. Los Estados Unidos y el FMI no lo permitieron. Los préstamos fueron condicionados a reformas de libre mercado: reducción de los subsidios, venta de empresas estatales, y permitir que las petroleras extranjeras hicieran lo que quisieran.

Hay que entender esa historia para entender por qué los pobres se levantaron y derrocaron a tres presidentes en Ecuador. También se comprende así el meteórico ascenso de Rafael Correa, quien ha construido su carrera criticando al FMI y a Estados Unidos.

“Correa viene de la reacción virulenta de la gente no sólo sentía que se la estaba pasando por encima, sino que lo veía”; dijo JD Bowen, profesor asistente de ciencias políticas en la Universidad de Saint Louis.

Correa no es un político normal. Es un economista, uno de los pocos que tienen la oportunidad de poner en práctica sus teorías. En 2001, obtuvo su doctorado en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign. Su disertación examinó por qué las reformas de mercado de la década de 1980 no lograron mejorar la situación en América Latina.

Llegó a la conclusión de que los estadounidenses que empujaron esas políticas no entendían la gran desigualdad en América Latina entre la élite, quien lo controlaba todo, y los pobres, que recibían las migajas.

“Escucharlos hablar sobre el libre mercado donde la mayoría de personas no tiene acceso a una buena educación, buena salud, buenos salarios, era una locura”, dijo Correa en una entrevista durante una reciente visita a Boston. Una cosa es vender las empresas estatales en Gran Bretaña, donde la gente común tiene dinero para comprar acciones. Es otra cosa subastarlas en un país de campesinos que no tienen manera de participar.

En Illinois, Correa se enteró de que los Estados Unidos no siempre practica lo que predica. Cuando se trata de proteger a sus propias industrias vulnerables, los estadounidenses hacen a un lado al libre mercado.

“Sí, soy escéptico sobre el libre comercio,” dijo Correa, mostrando una sonrisa de estrella de cine. “Eso lo aprendí de Alexander Hamilton.”

En última instancia, él llegó a ver al capitalismo y al socialismo como un conjunto de herramientas para solucionar problemas. La pregunta era: ¿Los problemas de quién se están solucionando? ¿Los problemas de la mayoría? ¿O de la élite?

Después de que obtuvo su grado, Correa regresó a Ecuador para enseñar economía. Escribía memos para el Ministerio de Finanzas, y rápidamente fue nombrado ministro. Pero se impacientó con la sumisión del ministerio hacia el FMI. Renunció con un gran discurso que lo hizo famoso. En 2006, se postuló para presidente contra el hombre más rico de Ecuador – un magnate bananero – y ganó.

Desde entonces, es el más conocido en los Estados Unidos por rechazar un acuerdo de libre comercio, por no renovar del contrato de arrendamiento de una base militar de EE.UU., y por ofrecer refugio a Julian Assange. En el Congreso de Estados Unidos, se lo ha llamado de todo, desde un “canalla irresponsable” a un tirano que reprime a la prensa. Es cierto, sobre todo en los últimos años, que ha utilizado mano dura contra sus críticos en los medios de comunicación y contra algunas organizaciones no gubernamentales.

Pero su récord habla por sí mismo. Correa ha usado la riqueza petrolera de Ecuador para atacar la desigualdad, invirtiendo en educación e infraestructura. La pobreza ha disminuido del 35 por ciento en 2007 a 27 por ciento en 2012, según datos del Banco Mundial. El ingreso per cápita ha pasado de 3.310 dólares a 5.170 dólares. Hoy, Ecuador tiene una de las economías de más rápido crecimiento en la región.

Quizás una de las razones por las que Correa ha tenido tanto éxito es que en realidad no es el ideólogo irresponsable por el que se hace pasar.

Es posible que haya anunciado en encendidos discursos que se negó a pagar los préstamos internacionales “fraudulentos”. Pero, silenciosamente, llegó a un acuerdo que los acreedores de bonos estaban dispuestos a aceptar. A diferencia de Hugo Chávez en Venezuela, Correa ha sido “muy pragmático”, dice Hans Humes, un inversionista de largo plazo en Ecuador.

Así que tal vez, al final del día, Correa no sea un hombre que rechaza el poder de la mano invisible del mercado, sino más bien alguien que piensa que la mano funciona mejor después de que se atiende la desigualdad. La riqueza y el poder son inextricables. Cuando un pequeño grupo de la élite controla todo, secuestra la mano invisible para servir a sus intereses solamente. Esa no es sólo una lección para América Latina. Es una que debemos aprender aquí en los Estados Unidos.